

Según la propia compañía alemana, realizaron experimentos con la talidomida en monos, un paso indispensable para la evaluación del fármaco antes de ser aplicado en el ser humano, y no se encontraron efectos secundarios. Tampoco en conejas, ratas y perras embarazadas a las que se les suministró el medicamento durante varias semanas. Mucho más tarde se descubriría que los animales recibieron la talidomida en un periodo de tiempo equivocado y/o en dosis tan grandes que los fetos habían muerto. En resumidas cuentas, las pruebas se hicieron de forma incorrecta y los resultados se falsearon.
Basándose en estas supuestas “pruebas”, las autoridades alemanas aprobaron la talidomida para humanos. No tenían ninguna razón para rechazarla, pues según los informes todo era normal. Se unía además el hecho de que no fue hasta 1961 cuando se introdujo en Alemania unas leyes específicas sobre el control de fármacos. De esta forma, el paso para la comercialización de la talidomida fue algo bastante sencillo.
Inicialmente se comercializó como un tratamiento para las convulsiones epilépticas, más tarde se demostró que este tratamiento era inefectivo. Después se utilizó en unos ensayos clínicos como un nuevo antihistamínico como tratamiento de la alergia. Tras un tiempo, comprobaron que no tenía efecto alguno. Sin embargo, en cada una de estas pruebas que se realizaron se observó que sí era bastante efectivo como sedante. Al final, tras muchas vueltas, el destino definitivo del fármaco fue para tratar las nauseas, la ansiedad, el insomnio y los vómitos matutinos de las embarazadas. Tres años más tarde, en 1957, la talidomida se convirtió en el medicamento de elección para ayudar a las embarazadas. Su uso se extendió rápidamente al año siguiente y se introdujo en varios países de Europa, África, América y también en Australia.
El furor del nuevo fármaco era evidente, la publicidad no dejaba lugar a dudas “era totalmente seguro para embarazadas” y el éxito de la compañía Chemie Gruenenthal parecía evidente.
Sin embargo, un año antes de que se comercializara internacionalmente (1956), nació el primer niño con las consecuencias de la talidomida. Claro que por aquel entonces no se tenía ninguna sospecha. Aunque las malformaciones son raras, pueden ocurrir sin ninguna causa concreta. No fue hasta cuatro años y medio más tarde de ese suceso aislado cuando un obstetra australiano, William McBride, se dio cuenta de que algo iba mal. Detectó en un plazo muy breve de tiempo, malformaciones casi idénticas en tres bebés recién nacidos. No era normal, anomalías de ese tipo se encuentran unas pocas por cada década, pero no en tres bebés en el mismo tiempo. La frecuencia se salía de lo normal y había una clara evidencia de que había algo más que una causa espontánea.
Lo que aquel obstetra diagnosticó en aquellos bebés fue la focomielia. Una rara enfermedad congénita en la que hay una falta de desarrollo total o parcial de piernas y brazos. Pero también aparecían otras anomalías menos raras en otros recién nacidos, sordera, ceguera, malformaciones internas de los órganos…
Tras detectar esas anormalidades McBride envió sus observaciones al Lancet, una prestigiosa revista de medicina. Sin embargo, su publicación se retrasó unos meses “por falta de espacio” en la revista. Pero él no fue el único que detectó que las cosas iban muy mal. Obstetras de todos los países en los que se introdujo la talidomida observaron como alteraciones tan raras como la focomielia estaba apareciendo de forma frecuente. Al principio no supieron a qué se debía, plantearon explicaciones medioambientales, infecciones, rayos x, sustancias tóxicas, etc. No fue hasta el 11 de noviembre de 1961 cuando otro médico, el doctor Lenz vio con claridad que el culpable de todas esas malformaciones era la talidomida. 5 días después de su descubrimiento, cuando se sintió que estaba totalmente seguro por las investigaciones que había realizado, llamó por teléfono a la compañía Chemie Gruenenthal. Le llevó días de intensas discusiones con representantes de la compañía, autoridades sanitarias y expertos, antes de que el medicamento fuera retirado, sobre todo por cómo la prensa reaccionaría. Chemie Gruenenthal continuaba negando los efectos teratogénicos (que provocan malformación) de la talidomida. Pero cada vez crecía la sospecha de que no lo negaban precisamente por una ignorancia honesta, sino con el propósito de debilitar las acusaciones en contra de la compañía.
Mientras tanto, en todo ese plazo de tiempo transcurrido, más 15.000 recién nacidos en todo el mundo sufrieron las consecuencias del medicamento, de los que actualmente sobreviven menos de 5.000. No se tardó en denominar a lo ocurrido como “La Catástrofe de la Talidomida” y el nombre del fármaco se convirtió en el paradigma del acto farmacéutico más despreciable.
Después del suceso, muchos países progresivamente empezaron a promulgar leyes de control de los medicamentos y también la exigencia que éstos sean sometidos a ensayos farmacológicos y probados en animales, además de ensayos clínicos en personas antes de su comercialización.
También comenzó la época de compensaciones económicas a todas las familias afectadas en todos los países en los que se distribuyó el medicamento. Se volvió a estudiar con detenimiento las pruebas que Chemie Gruenenthal presentó en su día a las autoridades alemanas para que se aprobara como fármaco y entonces fue cuando se descubrió todas las irregularidades que habían cometido. Se llevó a la compañía a juicio y se le obligó a que fuera ésta quién recompensara económicamente a las víctimas.
Debido a la repercusión mediática, empiezan a llegar personajes famosos del mundo de la parasicología como Germán de Argumosa o Hans Bender, catalogando a Bélmez como un gran misterio. Este último publicó unas líneas sobre el caso en el Zeitschrift für Parapsychologie avalando la hipótesis paranormal.
A los 6 meses de las apariciones el periódico el Ideal hacía públicos los resultados de unos análisis que demostraban que las caras habían sido pintadas con nitrato y cloruro de plata. Este método es muy eficaz ya que los rostros aparecen al tiempo de haber sido pintados.
Varios diarios acusaron al ayuntamiento de la localidad de haber fabricado las caras en esta nueva casa al no conseguir adquirir, para explotarla turísticamente, la casa original de las caras.
La familia de María Gómez también ha sostenido que las caras no son negocio, lo cual resulta opuesto al hecho de que desde el 1 de julio de 2005 se le otorgó la titularidad de la denominación "Las caras de Bélmez" a doña Carmen Gómez Hervás, según consta en la web de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). Curiosamente, se trata de la única marca registrada en esta oficina que incluye el topónimo "Bélmez".
En este caso hay dos posicionamientos opuestos muy claros. Por un lado hay investigadores que aseguran que la aparición es un proceso paranormal y por otro lado encontramos a otros investigadores que no dudan en clasificar a las caras de Bélmez como un fraude total. Existe, además, el análisis químico de un investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. El reporte de J.J. Alonso fue publicado originalmente en Psi Comunicación, la revista de la Sociedad Española de Parapsicología. A Alonso no le preocupó falsear la hipótesis paranormal y llegó a conclusiones ambiguas. No obstante, confirmó la presencia de un compuesto melanocrático en las muestras de la cara nombrada La pelona que analizó.
Algunos investigadores sostienen que el origen de las caras está ligado a un antiguo cementerio medieval árabe del siglo XIII (prueba del C-14) descubierto en el subsuelo de la cocina de la casa. En excavaciones realizadas hasta una profundidad de 2,8 m poco tiempo después de la primera aparición, se pudo constatar la aparición de restos de huesos humanos. Investigadores de los paranormal han relacionado las teleplastias con otros fenómenos parapsicológicos, incluyendo psicofonías. En declaraciones personales de Miguel, el hijo de la dueña, y habitante de la misma desde el descubrimiento, éste afirmaba que él mismo participó en las excavaciones efectuadas bajo el hogar de la cocina, encontrando, a casi 3 metros de profundidad, algunos restos de huesos humanos, pero no es la cantidad que algunos han afirmado. Otros aducen que la formación de las caras es un fenómeno ligado a una corriente de agua subterránea que discurre bajo el suelo de la casa, lo cual provoca que la humedad permita fijar las teleplastias de una forma más clara y precisa. El mismo hijo de la dueña ha manifestado en reiteradas ocasiones que dentro de la vivienda no se han producido jamás fenómenos de tipo "poltergeist".
José Martínez Romero publicó un libro avalando la hipótesis paranormal, donde sostiene que hay un fénomeno de teleplastia detrás de la creación de las caras. En Inglaterra, Andrew MacKenzie, un escritor de lo paranormal, dedicó el primer capítulo del libro The seen and the unseen al caso Bélmez. Sin embargo, MacKenzie no hablaba español y durante su estancia en Bélmez careció de traductor; sólo un taxista y el hijo de Martínez Romero le ayudaban con sus escasos conocimientos de inglés.
Manuel Martín Serrano impartía cátedra de sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Aunque su laborioso estudio Sociología del milagro fue el primer libro que un escéptico ha escrito exclusivamente sobre el caso, no pareció ocurrírsele a Serrano que habría que hacer un examen químico de las imágenes. Ya que las caras de Bélmez existen sobre lechada de cemento, es evidente que la autoridad capacitada para ofrecer un dictamen sobre los cambios moleculares que pueden tener lugar en una masa de hormigón es un técnico en esa materia; o un ilusionista de haber sospechas de fraude. Serrano entrevista a decenas de belmoralences, que nunca menciona por nombre. No obstante, el estudio de Serrano contribuye a explicar la dinámica social de lo que él cree era un timo perpetrado para ganar dinero.
Otro crítico del caso Bélmez fue José Luis Jordán. Aunque Jordán fue vicepresidente de la Sociedad Española de Parapsicología, era escéptico. A diferencia del libro de Serrano, en el de Jordán, Casas encantadas, poltergeist analiza supuestos casos de casas embrujadas en España, incluido el caso Bélmez.
En 1971 un departamento del Ministerio de Gobernación (hoy Ministerio del Interior de España) le pidió a Jordán que encabezara una comisión que integrase diversos técnicos en química de hormigón para realizar un estudio exhaustivo de los extraños sucesos de Bélmez, y presentar un informe a las autoridades. En Casas encantadas Jordán habla de diversas posibilidades de fraude: "pigmentación con una sustancia pardonegruzca", "una mezcla de hollín y vinagre" y "la acción agresora de un compuesto químico". En una entrevista realizada por dos miembros de la Sociedad Española de Parapsicología, Jordán declaró:
Ha habido otros parapsicólogos escépticos que se inclinan a la hipótesis del fraude. Ramos Perera, presidente de la Sociedad Española de Parapsicología, manifestó que por medio de pruebas con infrarrojo en La Pava, la primera de las caras, se percató que había coloración; de lo que deduce que fue pintada.
La Pava fue posteriormente empotrada a la pared en la casa de María.
Existe además el análisis químico de un investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. El reporte de J.J. Alonso fue publicado originalmente en Psi Comunicación, la revista de la Sociedad Española de Parapsicología. En dicho informe se aseguraba que la cara conocida como "La Pelona" correspondía a una suela de zapato de la talla 39.
En general, los cementos artificiales se fabrican a partir de piedra caliza, arcilla y yeso (los naturales se obtienen de rocas en que hay caliza y arcilla). Los componentes principales son caliza y arcilla caolinítica. Existen algunos cementos, como el aluminoso, que se obtienen de materiales aluminosos y calizos, y que son de color negro (melanocrático). La presencia de aluminio en el análisis de la losa de hormigón sobre la que se encuentra la cara de Bélmez denominada El Pelao le llevó a Ruiz Noguez suponer que se trata de un cemento de tipo aluminoso.
Silvio José, el buen parásito, es un personaje de cómic creado por Paco Alcázar que aparece desde abril de 2005 en la revista humorística española El Jueves.
Trata sobre un inadaptado social de 45 años de edad, Silvio José Pereda, que vive con su padre en su apartamento y demuestra espléndidas dotes de escaqueo para librarse de cualquier trabajo. Sus entretenimientos son jugar a videojuegos (normalmente, su pasión son los juegos ambientados en la Segunda Guerra Mundial) en el ordenador, poner verde a su padre en un "famoso" foro de internet, ver la televisión y dormir. Le encanta devorar comida basura, entre la que destacan las salchichas "Chisparritas".
Su mejor y único amigo, Federico, es un esquizofrénico que va a todas partes con un Geyperman. Éste le sirve de guía ante cualquier duda, no obstante sus consejos van desde quemar cosas a hacer actos violentos, algunos tan descabellados como besar a Silvio José.
Cubero, el profesor de autoescuela es otro conocido de la serie. Con una estética muy similar a la de Adolf Hitler, pasa el tiempo viajando por los túneles del metro y escribiendo poesía infantil con mensajes sádicos, tales como:
"Pepín es un huerfanito que fríe un huevo frito y martillazos en la cabeza martillazos en la cabeza"
Otro personaje común es el Doctor de la Cuadra, un psiquiatra que necesita análisis psiquiátrico cuyo único objetivo es torturar a sus pacientes (entre ellos el padre de Silvio) para seguir cobrándoles las visitas.
Lo más destacable son los elaborados y ácidos diálogos de los personajes, rociados con gran cantidad de crítica social y sazonados con grandes dosis de humor negro. La situación personal, actitudes y modo de expresarse del personaje recuerdan vagamente a los de Ignatius J. Reilly, antihéroe de la novela de John Kennedy Toole, La conjura de los necios.
Tras su retirada del fútbol, Vinnie Jones ha iniciado una carrera como actor. Actuó en la comedia inglesa del director Guy Ritchie Lock Stock and Two Smoking Barrels (1998), y repitió con el mismo director en el año 2000 en la comedia Snatch junto a Brad Pitt. En el año 2006 hizo el papel de Juggernaut en la película X-Men 3, dirigida por Brett Ratner.
Fue conocido también por la siguiente frase: "Ganar no es tan importante siempre y cuando ganes". (Winning doesn't really matter as long as you win).