viernes, 18 de marzo de 2011

EL HOMBRE QUE SALVÓ LA CATEDRAL DE WINCHESTER

Fuente

La catedral de Winchester es una de las catedrales más grandes de Inglaterra. Unas dimensiones que en conjunto, la convierte en la de mayor longitud de todas las catedrales góticas europeas.

Hace más de un siglo, la Catedral de Winchester fue salvada por el trabajo heroico de un buzo, que trabajo sin descanso para reforzar los fundamentos históricos y así preservar uno de los edificios más grandes y representativos de toda Inglaterra.

William Walker es probablemente uno de los buzos más famosos del mundo. Conocido como el hombre que salvó la catedral de Winchester, se convirtió en un héroe en el folklore de Winchester y de todo un país. Fue tal el agradecimiento, que existen numerosas estatuas de él en los alrededores de la catedral. Incluso en las oraciones de cada día se representa una acción de gracias por el importante trabajo de este buzo experimentado.

Se formó como buzo en Portsmouth, Arsenal, en 1887 como asistente de buceo. En 1892 fue calificado como un experto buceador de aguas profundas, ganando el respeto y la admiración de la Siebe Gorman, un grupo de élite británico que desarrolló equipos de buceo para proyectos de rescate de la marina. Una empresa que se anunciaba como “Los ingenieros submarinos”.

En 1906 el arqueólogo de la catedral de Winchester, Jonh Crook anunció con extrema gravedad que el edificio estaba en peligro de derrumbe.

La catedral ordenó su construcción el rey Guillermo en colaboración con el obispo William Walkelin en el 1079. La piedra caliza fue importada de una de las cantera de las islas de Wight. El obispo “persuadió” al rey para que se utilizara la madera de la selva real de Hempage, para proporcionar una base firme sobre la tierra pantanosa que se eligió para la catedral. Con la consternación del rey por la destrucción de la selva, se talaron todos los árboles para conformar el piso, seguidamente se deposito la piedra caliza donde posteriormente se desarrolló el majestuoso edificio.

Claro está que después de 800 años la madera comenzó a decaer, poniendo en peligro la catedral en agrietamiento y hundimiento en el lado pantanoso. El responsable, el obispo Walkelin, lamentablemente no podía dar explicaciones de su fatal decisión.

Un ingeniero civil llamado Francis Fox decidió que la única forma de salvar la catedral era sustituir la madera en descomposición por una capa de hormigón. Fox contrató trabajadores para excavar una trinchera a lo largo de la catedral. Sin embargo el agua pantanosa que rodea la catedral, anegaba las zanjas haciendo imposible el cometido. Había que buscar un buzo para retirar la madera podrida y la colocación del hormigón. Tenía que ser el mejor, con unas magnificas credenciales de buceo. El elegido fue William Walker.

Trabajo incansablemente durante 6 horas al día en una profunda oscuridad, desde 1906 hasta 1912 hasta conseguir el total apoyo de la catedral. Fueron utilizadas 25.000 bolsas de cemento, 115.000 bloques de hormigón y 900.000 ladrillos.

Durante los seis años de trabajo, Walker los fines de semana regresaba a su casa de Croydon a unos 91 kilómetros de Winchester en bicicleta para ver a su familia.

Para celebrar la finalización de la obra se realizó un servicio de acción de gracias dirigida por el Arzobispo de Canterbury en julio de 1912, Walker se presentó con una hoja de plata donada como premio por el rey George V. Más tarde fue honrado con el título de miembro de la real orden victoriana.

Aunque el destino pudiera haber elegido cualquier otro voluntario, William Walker se mantuvo humilde pero orgulloso de su gran logro. Lamentablemente iba a morir tan solo siete años más tarde durante la epidemia de gripe española de 1918. Sin embargo su legado vivirá para siempre como el buzo que salvó la catedral de Winchester.

miércoles, 16 de marzo de 2011

ORIGEN E INTERPRETACION DEL MITO DE LA BELLA Y LA BESTIA


La Bella y la Bestia es un cuento de hadas tradicional europeo. Explicado en múltiples variantes cuyo origen podría ser una historia de Apuleyo, incluida en su libro El Asno de Oro (también conocido como Metamorfosis), titulada Cupido y Psique. La primera versión publicada fue obra de la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, en 1740, aunque otras fuentes atribuyen a Giovanni Francesco Straparola la recreación de la historia original, en 1550. La versión escrita más conocida fue una revisión muy abreviada de la obra original de Villeneuve, publicada en 1756 por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont. La primera traducción se hizo al inglés, en 1757. Existen muchas variantes de la historia en toda Europa. La versión de Beaumont es la que goza de mayor fama, siendo ésta la base de casi todas las versiones o adaptaciones posteriores.

ORIGEN

La historia de La Bella y la Bestia ha circulado durante siglos por toda Europa, tanto en forma oral como escrita, y, mucho más recientemente, en adaptaciones cinematográficas. Muchos expertos han señalado similitudes entre este cuento e historias clásicas de la Grecia antigua, como Cupido y Psique, Edipo o El Asno de Oro de Apuleyo, hacia el siglo segundo de nuestra era.

Una primera versión escrita de La bella y la bestia se atribuye a Giovanni Francesco Straparola, aparecida en su libro de cuentos Le piacevoli notti, en 1550. Una temprana versión francesa presentaba al padre como un rey, y a la Bestia como una serpiente. Charles Perrault popularizó este cuento en su recopilación Contes de ma mere l’oye (Cuentos de mamá ganso), en 1697. Otros autores como Madame d'Aulnoy, con su cuento Le Mouton (La oveja) o Giambattista Basile, en el Pentamerone, también escribieron variaciones de la misma historia.

La primera versión escrita que ya desarrolla el cuento tal como lo conocemos hoy fue publicada en 1740 por la escritora francesa Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, en La jeune américaine, et les contes marins. Era una serie de relatos explicados por una anciana durante un largo viaje por el mar. Villeneuve escribía cuentos de hadas basados en el folclore europeo, para distracción de sus amigos y conocidos en bailes y salones.

La aristócrata francesa Jeanne-Marie Le Prince de Beaumont (1711 - 1780) había emigrado a Inglaterra en 1745, donde empezó a trabajar como profesora y escritora de libros sobre educación y moral. Habiendo leído la novela de Villeneuve, la abrevió en gran medida y la publicó en 1756 como parte de la colección Magasin des enfants, ou dialogues entre une sage gouvernante et plusieurs de ses élèves. Tomando los elementos clave de la historia original, Beaumont omitió muchas escenas de los orígenes o las familias de los protagonistas y modificó la escena de la transformación de la Bestia, que en el original de Villeneuve acontece tras la noche de bodas. Escrito como complemento educativo para sus alumnos, muchos de los detalles escabrosos o subversivos del original fueron suprimidos.

La versión de Beaumont se consideró ya entonces la más característica, hasta el punto de que, solo un año después, en 1757, ya fue traducida al inglés, como The Young Misses Magazine, Containing Dialogues between a Governess and Several Young Ladies of Quality, Her Scholars.

La tradición francesa de esta época consistía en elaborar historias cotidianas, con una tendencia a desarrollarlas sobre un trasfondo de emociones humanas en lugar de azares o designios mágicos. Eliminaban todo lo que era sangriento o cruel; escribían de forma directa y concisa, con un estilo sobrio y sin adornos. Los cuentistas franceses adaptaron sus historias a su propio gusto clásico, lógico y hasta racional. Perrault inició una tendencia que se apartaba de esta forma tradicional de narrar cuentos, y las mujeres que le siguieron, Lhéritier, Madame d'Aulnoy y Beaumont, fueron aún más lejos. El más humilde de los hombres, en sus cuentos, era un caballero; los pastores eran príncipes disfrazados y la mayoría de los protagonistas siempre son reyes o reinas.

Estas influencias en la historia explican las diferencias existentes entre la versión actual de La bella y la bestia, a través de estos escritores franceses, y las versiones más tradicionales.

INTERPRETACIÓN

De entrada, el cuento simboliza la animalidad integrada en la condición humana, pues en muchísimos mitos y cuentos populares se habla de un príncipe convertido, por arte de hechicería, en un animal salvaje o en un monstruo, que es redimido por el beso y el amor de una doncella.

La bella y la bestia se puede interpretar como la llegada de una niña a su mayoría de edad y a su sexualidad. Concebido el amor de su padre, que la adoraba por encima del resto de sus hermanas, como un amor puro, la niña percibe la sexualidad como algo perverso, y todo hombre que sienta un deseo sexual hacia ella es una bestia. Solo a partir del momento en que Bella es capaz de asimilar las relaciones sexuales como humana y adulta, puede alcanzar la felicidad.6 Pero otra variante de este concepto sería que el sentimiento de la Bestia es primitivo y brutal, pero el amor de la mujer lo transforma en algo humano y comedido, que en el cuento vendría simbolizado por la transformación física de Bestia a Príncipe.

El cuento también se ha interpretado como crítica a los matrimonios por conveniencia. Las primeras versiones del cuento provenían de personas de clase alta del ancien regime francés, donde tales uniones eran habituales. La unión de una chica, especialmente joven, con un hombre mucho mayor que ella, sin su consentimiento, se observa como metáfora en la narración. El cuento critica estas prácticas, pero al mismo tiempo reivindica que, si las mujeres buscan en el interior de sus ancianos maridos, pueden encontrar al ser bondadoso que se esconde tras la apariencia de Bestia. O que ellas mismas consigan esa transformación por medio de su amor.8

La historia de La bella y la bestia aparece en otras muchas culturas en diversas formas. Aarne-Thompson enumera 179 cuentos de diferentes países con un tema similar. Generalmente son tres hermanas. La más joven, Bella, es pura y bondadosa, mientras que las otras dos muestran algunos de los peores rasgos humanos: avaricia, envidia, soberbia. Bella no recibe ningún nombre, simplemente es la más joven de las hermanas, y recibe su apodo por su belleza, y por ser la preferida de su padre. Nunca aparece la figura materna, obviando así los conflictos que supondría que tal figura se opusiera a que la niña se fuera a vivir con un monstruo. Al mismo tiempo, se permite que la relación con el padre, normalmente rico, sea mucho más estrecha, y posibilite el desarrollo de la narración. Aunque la Bestia pueda adquirir muchas formas (serpiente, lobo e incluso un cerdo), el motivo es siempre el mismo: es rico y poderoso, pero nunca bello o atractivo. En un momento determinado, Bella se separa de la Bestia, que cae, por alguna extraña razón (amor, traición, designios mágicos de su maldición), terriblemente enferma y yace moribunda. Los remordimientos de Bella, ya sean en forma de una simple lágrima vertida o un viaje hasta el fin del mundo por volver con su amado, salvan a la Bestia, y ésta se transforma en un hermoso príncipe. La belleza implícita de la Bestia resurge cuando Bella es capaz de atisbarla bajo la desagradable apariencia exterior.

El cuento también se puede situar en un contexto psicológico. Los hombres suelen ser pasivos; las ancianas poco o nada comprensivas; Bella, la más joven, siempre es pura y virginal, y su mayor deseo es una rosa. Para griegos y romanos, la rosa era el símbolo del placer, asociado al lujo y a la extravagancia. Representaba la flor del amor y el romance. Resalta el amor de Bella hacia su padre, al pedirle que le traiga una rosa. Cuando el padre cae enfermo y moribundo, se puede interpretar en un sentido literal o en sentido figurado, ya que el amor de Bella ya no es hacia su progenitor, sino hacia la Bestia.

Según el sistema de clasificación Aarne-Thompson, La bella y la bestia estaría catalogada en la categoría 425A: Animal o Monstruo como novio o amante.

LEER CUENTO

martes, 8 de marzo de 2011

ALL DOLLED UP


En los primeros 70's el fotógrafo rock Bob Gruen y su esposa Nadya compraron una cámara portátil y durante 3 años grabaron unas 40 horas de los New York Dolls. Aquí están las imágenes.
PELÍCULA COMPLETA.

lunes, 7 de marzo de 2011

ESPECULACION ALIMENTARIA: CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD

Fuente: Público

BELÉN CARREÑO MADRID 07/03/2011 08:30

Fuente: http://www.publico.es/dinero/364865/el-hambre-de-ganancias-infla-el-precio-de-la-comida

Un apresurado moscovita cruza la Plaza Roja ataviado con una apocalíptica mascarilla. Moscú está cercado por el fuego provocado por el verano más tórrido de la historia. La inclemencia meterológica no sólo deja imágenes inéditas. La mayor sequía en cien años azota el continente y se lleva por delante las cosechas de trigo del sur del país. El primer ministro, Vladimir Putin, impone una excepcional medida para contener los precios: no habrá exportaciones de trigo hasta 2011.

Al otro lado del mundo, un trader (intermediario) del mayor mercado de materias primas del mundo hace sus cálculos. Rusia es el tercer exportador del mundo de este cereal y Canadá, el segundo, tendrá una de sus peores cosechas en tres años. La oportunidad está servida en bandeja. En apenas dos días (4 y 5 de agosto), el trigo sube un 8,42% y los volúmenes que mueve chocan con los topes impuestos por la entidad reguladora para contener la especulación en un mercado tan delicado. En el último semestre de 2010, el alza acumulada llega al 44%. Y subiendo.


El efecto mariposa se extiende seis meses después al pequeño poblado tunecino de Sidi Bou Zid. El precio de la harina, y el de otros alimentos, se ha duplicado. Túnez, junto con Egipto e Irak, es uno de los principales importadores de trigo ruso. El joven Mohamed Bouazizi se quema a lo bonzo, angustiado porque le han quitado su negocio y no puede alimentar a su familia.

Como este ciclo, especialmente hiperbólico e intenso, se repiten cada año en el mundo secuencias de sucesos producidos por la alteración de los precios de los alimentos, inflados por la acción de los grandes inversores institucionales. El desenlace de estos capítulos es, en el mejor de los casos, una revuelta, porque en la mayoría de las ocasiones lo que se desencadena son hambrunas.

"La especulación financiera impacta en los precios". Expertos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la FAO o el Banco Mundial concuerdan en este punto. Los expertos de estas organizaciones declinan hablar o prefieren no ser citados cuando se les pregunta por el rol de los fondos de alto riesgo (hedge funds), pero asumen que su papel es clave ya que amplifican los efectos de una mala cosecha o un inesperado repunte de la demanda.


Sin embargo, cuantificar en el precio el impacto de la especulación es casi imposible, según los expertos. El Instituto para la Agricultura y la Política Comercial de EEUU (IATP), recoge los datos de un estudio preparado por una consultora en el que se atribuye al efecto de la especulación hasta un 31% a la subida del precio del maíz en julio de 2008, la anterior burbuja de los precios de los alimentos.

Actores

El que lo tiene muy claro es el gurú financiero George Soros, que fue llamado a testificar ante una Comisión del Senado estadounidense en 2008 para explicar el papel de la especulación en la subida de los precios de materias primas. De "inestabilizador" y "dañino" tildó el magnate la entrada masiva de especuladores en las materias primas, pese a lo cual, siguen siendo sus inversiones favoritas (sobre todo oro y crudo) a día de hoy.


"Hay tres tipos de actores en el mercado financiero. Están los intermediarios de derivados, los índices que siguen a materias primas y los hedge funds. Entre un 12% y un 16% de los actores que influyen en el precio de las materias primas no comercian realmente con ellas", explica un antiguo intermediario del Chicago Board, el mayor mercado de materias primas del mundo. "El volumen de Chicago ha superado los 300.0000 millones de dólares y en tres años se ha triplicado. El 80% de los que participan en este mercado son bancos de inversión", concreta este experto.

Entre todos los participantes, el más poderoso es el indestructible (por ser uno de los pocos supervivientes de la hecatombe financiera) banco de inversión Goldman Sachs, que en 2008 logró un tercio de sus ingresos netos (alrededor de 1.500 millones de dólares) gracias a su inversión en materias primas. Su índice Goldman Sachs Commodity Index pasó de tener una inversión de apenas 8.000 millones de dólares en el año 2000 a atesorar en la actualidad 100.000 millones de dólares que invierte contra la evolución de las materias primas (incluido el petróleo). Sólo en 2010, el índice se revalorizó un 50%, con una subida cercana al 10% en diciembre. En lo que va de año, el ascenso ya roza el 14%.

Estos miles de millones fluyendo hacia la inversión en materias primas provocan una alta inestabilidad en el precio de las materias primas. "Cuanto más volumen se negocia, mayor es la volatilidad", explica el economista de la FAO Abdolreza Abbassian.

La especulación con los alimentos es tan vieja como la propia agricultura, pero su atractivo como instrumento de lucro se disparó en la década pasada al descubrirse como una oportunidad de inversión única. La rentabilidad está asegurada porque la demanda mundial, en línea con la subida de la población y el mayor poder adquisitivo de los países emergentes, garantiza su crecimiento de forma consistente. "No hay prácticamente otro producto en el que invertir en estos momentos cuya demanda real sea tan clara, es decir, que tenga tan buenos fundamentales", apunta Francisco López Ollés, experto en materias primas y divisas. "Al final, todo esto es resultado de las operaciones de los bancos centrales para que haya más liquidez en los mercados (el conocido como quantitative easing). El dinero tiene que buscar rentabilidad en algún lado", concluye.

El director del sector financiero del IE Business School, Manuel Romera, recuerda que "de cada diez operaciones, nueve son especulativas". Sin embargo, Romera apunta a que "el derivado el producto financiero suele ser arrastrado por el subyacente el producto agrícola real". Para especular en el mercado de las materias primas no hace falta tener ni un gramo real del producto que se comercializa.

El mercado padece de los mismos defectos regulatorios que el resto de la negociación de productos financieros derivados. Las operaciones Over the Counter (sobre el mostrador) se realizan sin apunte electrónico, por lo que no se sabe quién vende o quién compra en el mercado. El control de estas operaciones es una de las principales demandas de los expertos internacionales.

Además, hay un desajuste regulatorio entre EEUU y Europa que en tiempo de un mercado global no tiene sentido. Así, en Estados Unidos, que tiene su propia Comisión para regular el mercado de las materias primas, se han puesto límites a los volúmenes y a la banda de fluctuación de los precios sobre los alimentos, para que no se pueda alterar el precio real de la mercancía. En Europa, no existen esas barreras en determinadas materias, como el azúcar, el café y el cacao. La FAO ha detectado que para aprovecharse de ello, se envían cargamentos enteros de este producto desde Nueva York, hasta Ámsterdam, Amberes o Hamburgo, para que se pueda negociar allí con ellos sin límite.

Aunque la supervisión para un mayor control está en marcha (Londres, otro de los mayores mercados del mundo, ha prometido tenerla preparada para 2012), el lobby de los bancos de inversión y de los grandes intermediarios agrícolas está presionando para retrasar, y aligerar, la posible puesta en marcha de estas nuevas normativas.

"El rol de los hedge funds es muy controvertido. Es uno de los grandes factores, pero no el único. Tanto la oferta como la demanda están muy ajustadas y eso tensa el mercado", contemporizan desde la OCDE, recordando que hay otras muchas cuestiones que engordan el precio de los alimentos. "En mi opinión, los fondos de inversión terminan siguiendo la tendencia más que creándola. La amplifican", sentencian las mismas fuentes de la organización.


Un solo fondo de inversión compró el 7% de la producción mundial en un día

Un sólo ‘hedge fund' tiene agarrado por el cuello desde hace meses a todos los productores de chocolate del mundo. El fondo Armajaro, pilotado por un conocido ejecutivo británico, Anthony Ward, apodado como ‘Chocfinger' (dedo de chocolate), compró el pasado julio hasta 240.000 toneladas de cacao, el equivalente al 7% de la producción mundial, en una sola operación. La compra, que se hizo en el mercado Euronext, donde no hay límites sobre este tipo de materia, disparó el precio del cacao hasta sus máximos desde 1977. Las miles de toneladas de cacao siguen acumuladas, según confirmaron fuentes conocedoras de la operación a este periódico, en los almacenes de Hamburgo, Amberes y Ámsterdan. Ward ha apostado por el cacao, ya que uno de sus principales productores, Costa de Marfil, está virtualmente en guerra civil, con lo que escaseará el producto en breve. Según el diario británico ‘The Daily Telegraph', George Soros invierte en este fondo de inversión.

miércoles, 2 de marzo de 2011

¿QUIEN ERA D.B. COOPER?


En Ariel, un pequeño pueblo del Estado de Washington situado entre pinares y ríos embravecidos, no sólo se comió pavo el pasado jueves como obliga el rito del Día de Acción de Gracias. En este lugar y en estas fechas es tradición brindar en la taberna del pueblo a la salud de un hombre que quizá aún esté vivo o quizá ya esté muerto, pero que, al margen de su propia suerte, se instaló en la leyenda en 1971 para jamás abandonarla.

En Ariel quieren creer que D. B. Cooper, el misterioso pasajero que el 24 de noviembre de aquel año secuestró un avión en Portland (Oregón), pidió un rescate de 200.000 dólares y se esfumó sin dejar rastro tras saltar en paracaídas con el botín sobre el Estado de Washington, sigue vivo. Nunca se encontró su cadáver. Tampoco el dinero. Ni el paracaídas. Por eso, cada año, decenas de admiradores de este personaje misterioso peregrinan a la Taberna de Ariel a celebrar su hazaña durante los llamados días de D. B. Cooper. Es el único caso sin resolver de la historia de los secuestros aéreos. Y uno de los crímenes más célebres y celebrados de Estados Unidos.

D. B. Cooper ha tenido cientos de aspirantes a interpretarle en la vida real. Pero a los más de mil sospechosos que han pasado por el tamiz del FBI se ha unido este año, de la mano del detective neoyorquino Skipp Porteous, de la agencia Sherlock Investigations, un nuevo nombre: Kenny Christiansen. Amante del bourbon con soda, ex militar, ex paracaidista, ex azafato de vuelo y vecino del Estado de Washington hasta su muerte en 1994, Kenny Christiansen es, según su hermano Lyle Christiansen, D. B. Cooper, el hombre atento y reservado que secuestró un Boeing 727 luciendo una madreperla en el ojal de su elegante traje negro.

Para entender la complejidad del caso hay que viajar en el tiempo y regresar a aquel 24 de noviembre de 1971. Un hombre de mediana edad, alto, frente ancha, orejas de soplillo, abrigo y corbata negros y traje impecable compra un billete en Portland bajo el nombre de Dan Cooper -un error periodístico le añadiría una B al nombre unas horas después, cincelándolo así en la historia- . Va a tomar el vuelo 305 de Northwest Orient Airlines con destino a Seattle. Se sienta en la última fila de aquel avión en el que viajan 36 pasajeros y seis tripulantes y pide un bourbon con soda. Al despegar le entrega a la azafata una nota. Florence Schaffner, de 23 años, se la guarda en el bolsillo sin prestar atención: según contó más tarde, los pasajeros le hacían proposiciones sexuales constantemente, así que pensó que ésta sería una más. Pero Cooper reacciona de inmediato: "Señorita, mire la nota. Tengo una bomba". En el papel, el hombre de la madreperla en el ojal le informa de que está secuestrando el avión, le indica que lleva una bomba en el maletín y le pide que se siente a su lado para recibir instrucciones. "Quiero que, cuando aterricemos en Seattle, me entreguen 200.000 dólares. También quiero cuatro paracaídas. Recarguen combustible en cuanto aterricemos y no hagan tonterías o hago explotar esto". Mientras la azafata se acerca hasta la cabina para informar al piloto de la situación, D. B. Cooper esconde su rostro tras unas gafas oscuras que utilizará hasta saltar del avión.

"Los otros pasajeros apenas le recuerdan, porque el piloto nunca les comunicó que el avión había sido secuestrado. Se les dijo que había problemas mecánicos y que por eso iban a tardar más en aterrizar. De ahí que la identificación siempre haya sido difícil", explica a EL PAÍS Skipp Porteous en entrevista telefónica. El retrato robot que se hizo de Cooper se apoyaba sobre todo en las declaraciones de la azafata Schaffner. "Y ella ha dicho que la foto de Kenny Christiansen es la que más se parece al secuestrador de todas las que le han enseñado a lo largo de los años", relata orgulloso. "Pero el FBI no se ha preocupado de buscar a las otras azafatas para mostrársela. Ésa es una de las cosas que aún tengo que hacer", continúa.

Aquella noche de lluvia, D. B Cooper saboreó tranquilamente su bourbon mientras esperaba el aterrizaje con aire de perfecto caballero. Cuando finalmente el avión llegó a Seattle, los pasajeros desembarcaron sin el menor rasguño y ajenos a la realidad del secuestro. D. B. Cooper no se inmutó. Esperó a que le entregaran los 200.000 dólares en billetes de 20 y los paracaídas. Negoció la salida de dos azafatas y se quedó con una tercera, Tina Mucklow, la que hoy busca Porteous. Hecha la transacción, ordenó al piloto que se dirigiera hacia Reno (Nevada). Le dio órdenes concretas respecto a qué altura volar, a qué velocidad y cómo colocar las alas del avión, y le especificó que no sellaran la puerta de atrás. El Boeing 727 era el único modelo con unas escalerillas que permitían utilizar esa puerta para saltar y, evidentemente, el secuestrador conocía esos detalles. D. B. Cooper repartió los cinco kilos que pesaba el dinero por todo su cuerpo, invitó a la azafata a encerrarse en la cabina con el piloto y se quedó solo.

Nadie sabe lo que pensó en aquel momento, cuando abrió la puerta del avión y se enfrentó al frío y a la fuerte tormenta que arreciaba fuera. A sus pies, a más de 3.000 metros de distancia, el Estado de Washington y sus montañas escarpadas, sus glaciares y sus bosques infestados de osos esperaban para devorarle. O quizá no. Ése es el misterio.

"D. B. Cooper era mi hermano Kenny y sí sobrevivió". Lyle Christiansen contactó en febrero los servicios de la agencia de Porteous para que le hiciera llegar a la escritora, directora de cine y guionista Nora Ephron la carta en la que detallaba cómo había llegado a la conclusión de que su hermano era el secuestrador desaparecido y en la que le proponía que escribiera el guión para una película. Porteous entregó la carta, que Ephron ninguneó y, al no obtener respuesta, Christiansen insistió. Su tenacidad provocó la curiosidad de este peculiar detective, que iba para cura y cambió los hábitos por investigar lo mundano. "Cuando le empecé a pedir datos y a contrastarlos, entendí que estaba ante el caso más importante de mi vida. Hay demasiadas coincidencias", confiesa Porteous, quien, tras tres décadas de profesión, aún aspira a los 15 minutos de fama de que hablaba Andy Warhol.

"Kenny Christiansen se compró una casa en Bonney Lake, en el Estado de Washington, apenas un año después del secuestro con dinero en metálico. Trabajó como mecánico y como jefe de cabina para la compañía Northwest Airline, lo que explicaría su conocimiento del avión secuestrado. Sin embargo, cubría rutas de larga distancia, lo que explicaría que aquella tripulación no le conociera. Y lo más importante, había sido paracaidista en el Ejército e incluso había hecho paracaidismo de riesgo para sacarse dinero extra".

Esto fue lo que le dijo Lyle Christiansen a Porteous cuando comenzó a describir a su hermano, un tipo "diferente, solitario y reservado, fascinado con el recuerdo infantil de fajos de billetes de 20 dólares", al que apenas se le conocían amigos y que jamás se casó. Pero, además, en su lecho de muerte, Kenny quiso hacerle una confesión a Lyle: "Hay algo que deberías saber, pero no te lo puedo decir". La realidad es que Kenny Christiansen era homosexual, algo que nunca comunicó oficialmente a su hermano. "Quizá fuera eso lo que le quiso decir, ya que vivieron una época en que no era fácil salir del armario. Pero quizá su secreto fuera otro...", sugiere Porteous, quien también cuenta que Kenny le legó su casa a uno de sus compañeros sentimentales.

El misterio que ha rodeado la identidad de D. B. Cooper y que pesa sobre el FBI desde hace 36 años ha alimentado sin cesar el imaginario colectivo en torno al que llegó a ser el criminal más buscado de Estados Unidos. "Fue un increíble triunfo en la batalla del hombre contra la máquina. Un solo individuo contra la tecnología, las grandes empresas, el sistema. Por eso se le retrata como un curioso Robin Hood, que toma de los ricos, o al menos del poder. Da igual si se lo da a los pobres o no", reflexionaba durante el 25º aniversario del secuestro el sociólogo Otto Larsen, de la Universidad de Washington.

En Ariel, un vecino llamado Richard Purdy escribió tras el secuestro la primera de las muchas canciones sobre el caso, titulada He Story of D. B. Cooper, en la que ya se le mitificaba. En el Estado de Washington aparecieron en 1972 las primeras camisetas con la pregunta "D. B. Cooper, ¿dónde estás?". Hoy, su retrato robot es un icono pop que incluso decora ceniceros que se venden online. Hasta la zona se acercaron cientos de cazarrecompensas en busca de un cuerpo y miles de dólares que algunos persiguieron feroces en las turbias aguas de un lago local ayudados de un submarino. Pero lo único que apareció fueron 5.800 dólares en descomposición junto al río Columbia en 1980. Se escribieron libros, novelas y, por supuesto, Hollywood trató de explotar el potencial dramático de la historia con una película, Un millón de dólares en el aire, que, aunque tenía actores de calidad, como Robert Duvall, se perdió en la bruma de la mediocridad.

En cuanto a los sospechosos, los ha habido de toda índole. Desde John List, un asesino en serie, hasta Richard McCoy Jr., uno de los cuatro hombres que secuestraron aviones al estilo D. B. Cooper unos meses después. McCoy fue arrestado a los pocos días de escapar de un avión en Denver (Colorado) con medio millón en su paracaídas, pero el FBI nunca pudo probar que también fuera D. B. Cooper.

Después hubo gente como Max Ghunter, quien en su libro D. B. Cooper, what really happened? (¿Qué ocurrió en realidad?) afirmaba haber mantenido correspondencia con el secuestrador durante 10 años. Y una mujer, Jo Weber, que en 2000 denunció que su marido, Duane Weber, le dijo antes de morir que era el secuestrador desaparecido. Hubo quien incluso dio entrevistas bajo ese nombre. Pero ningún sospechoso cambió la tesis principal de la investigación del FBI, que aún sostiene que D. B. Cooper falleció al saltar del avión. "He visto y oído de todo, y nadie ha podido probar que sobreviviera", afirma Ralph Himmelsbach, el agente retirado que más años ha trabajado en el caso. No obstante, la agencia abrió hace un mes los archivos del caso con la esperanza de poder llegar a cerrarlo algún día.

El FBI también ha descartado a Kenny Christiansen porque no ve parecido físico con el secuestrador, que en teoría era más corpulento y con otro color de ojos. "Pero hay fotos en que sí son idénticos. Tampoco parecen cuadrar las pruebas de ADN, pero yo cuestiono el tipo de evidencias que recogió en su momento el FBI, así que ahora todo depende de pruebas circunstanciales. Además, el FBI jamás admitiría que yo tengo razón. Después de los millones que se han gastado, nunca dejarían que les robara el caso", clama Porteous. "Tengo que averiguar dónde estaba Kenny Christiansen aquel 24 de noviembre. Necesito encontrar a alguien a quien le hubiera confesado su identidad y tengo que conseguir los archivos de Max Ghunter para contrastarlos. El secuestrador le escribió una carta. Ahí podría haber una importante prueba de ADN".

Mientras todo eso ocurre, este fin de semana se habrán vuelto a reunir en Ariel, como cada año desde 1971, quienes no quieren creer en la muerte de su Robin Hood. Carl Steinwachs, un vecino local, explicaba hace 25 años en The New York Times las razones de aquella comunidad para resistirse a enterrar a D. B. Cooper. Sus argumentos sobre la hazaña del héroe son tan actuales como entonces: "Todo el mundo intenta ganarse el pan, pero todo está en contra del hombre corriente. Mira a los políticos: ganan las elecciones y enseguida roban dinero. Como las grandes empresas. D. B. Cooper fue un hombre corriente que hizo lo mismo pero abiertamente, no como las multinacionales y los políticos que lo hacen a escondidas. Tuvo que pensarlo, planearlo y ejecutarlo. Yo creo que lo consiguió. Es un héroe y odiaría descubrir que murió en el intento".

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