jueves, 30 de septiembre de 2010

EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS

Lon Chaney nació con el nombre de Leonidas Frank Chaney en Colorado Springs, Colorado, hijo de Frank Chaney y Emma Alice Kennedy; su padre era de ascendencia principalmente inglesa con algún aporte francés, y su madre era descendiente de irlandeses. Ambos padres eran sordos por lo que Chaney aprendió desde niño a comunicarse por pantomima. En 1902 comenzó su carrera en los escenarios, viajando con actores populares del teatro y el vaudeville. En 1905 conoció y se casó con la cantante Cleva Creighton y en 1906 nació su primer y único hijo: Creighton Chaney (alias Lon Chaney Jr.). Los Chaney siguieron de gira hasta asentarse en California en 1910.

Desafortunadamente se produjeron problemas matrimoniales y, en abril de 1913, Cleva se dirigió al Teatro Majestic, ubicado en el centro de Los Ángeles, donde Lon estaba dirigiendo Kolb and Dill. Allí, ella trató de suicidarse ingiriendo bicloruro de mercurio. El intento de suicidio fracasó y arruinó su carrera como cantante; el escándalo y divorcio resultantes obligaron a Chaney a abandonar el ámbito teatral y dedicarse a las películas.

Se ignora el tiempo que pasó allí, pero entre los años 1912 y 1917, Chaney trabajó bajo contrato para Universal Studios realizando pequeños papeles. En esta época, Chaney se hizo amigo de la pareja de directores Joe De Grasse e Ida May Park, quienes le dieron papeles más importantes en sus producciones.

Chaney también se hizo amigo de William Dudley Pelley, quien luego formaría la Legión de Plata, una organización nazi estadounidense. Mientras estuvo en Hollywood, Pelley escribió dieciséis guiones de los cuales Chaney protagonizó dos. Además, Chaney se casó con una antigua colega de la gira Kolb and Dill, una chica llamada Hazel Hastings que cantaba en el coro de la obra. Es poco lo que se sabe de Hazel excepto que su matrimonio con Chaney fue sólido. Luego de casarse, la pareja obtuvo la custodia del hijo de Chaney que ya tenía diez años y había residido en varios hogares e internados tras el divorcio de Chaney en 1913.

Para 1917, Chaney era un actor importante dentro del estudio aunque su salario no reflejara su estatus. Cuando Chaney solicitó un aumento, el ejecutivo del estudio William Sistrom contestó: "jamás valdrás más que cien dólares a la semana".

Tras abandonar el estudio, Chaney luchó como actor durante todo su primer año. No fue sino hasta 1918, al realizar un papel considerable en la película Riddle Gawne de William S. Hart, que el talento de Chaney como actor fue realmente reconocido por la industria del cine.

En 1919, Chaney realizó una actuación importante como "la Rana" (un hombre que finge ser un lisiado que se cura milagrosamente) en El milagro (The Miracle Man) de George Loane Tucker. La película no sólo exhibió la habilidad actoral de Chaney sino también su talento como amo del maquillaje. El elogio de la crítica y una recaudación de más de 2 millones de dólares estadounidenses pusieron a Chaney en el mapa como el principal actor de carácter de Estados Unidos.

Chaney es recordado como pionero en películas mudas de terror como El jorobado de Notre Dame (The Hunchback of Notre Dame) y, en especial, por El Fantasma de la Ópera (The Phantom of the Opera). Su habilidad para transformarse mediante técnicas de maquillaje de su propia invención le ganaron el apodo de "El Hombre de las Mil Caras". En un artículo autobiográfico de 1925 publicado en la revista Movie, Chaney se refirió a su especialidad como "caracterización extrema".

También demostró su adaptabilidad con el maquillaje en películas más convencionales, de crimen y aventuras, como por ejemplo The Penalty, donde interpretó a un gángster sin piernas. Apareció en varias películas dirigidas por Tod Browning, a menudo interpretando a personajes disfrazados o mutilados, entre ellos el lanzador de cuchillos Alonzo el Sin Brazos en Garras humanas (The Unknown) con Joan Crawford. En 1927, Chaney actuó junto a Conrad Nagel, Marceline Day, Henry B. Walthall y Polly Moran en el clásico del terror La casa del horror (London After Midnight) de Tod Browning que quizá sea la película perdida más famosa de la historia. Su última película fue un remake sonoro del clásico mudo El trío fantástico (The Unholy Three) (1930), su única película sonora y la única en que utilizó su voz tan versátil. Chaney firmó una declaración jurada donde establece que cinco de las voces principales en la película (el ventrílocuo, la anciana, el loro, el muñeco y la chica) son en realidad suyas.


Pese a que Chaney creó a dos de los personajes más grotescamente deformados de la historia del cine (Quasimodo, el campanero de Notre Dame, y Erik, el "fantasma" de la Ópera de París), sus representaciones buscaban una reacción de simpatía y tristeza entre la audiencia y no aterrarlos o hacerlos sentir rechazo hacia esos personajes desfigurados que tan sólo eran víctimas del destino.

"Quería recordarle al público que incluso quienes se encuentran más abajo en la escala de humanidad puden tener en su interior la capacidad de sacrificio", escribió Chaney en la revista Movie. "El pordiosero empequeñecido y deforme que vemos en las calles podría tener los más nobles ideales. La mayoría de mis papeles desde El jorobado de Notre Dame, como El Fantasma de la Ópera, He Who Gets Slapped, El trío fantástico, etc., han tenido incorporados el tema del sacrificio y la abnegación. Son estas historias las que quiero contar."

"Él fue una persona que reflejó nuestras psiques. Entró de algún modo a las sombras que existen dentro de nuestros cuerpos; pudo desenmascarar algunos de nuestros miedos íntimos y llevarlos a la pantalla", explicó el escritor Ray Bradbury en una ocasión. "La historia de Lon Chaney es la historia de amores no correspondidos. Él pone al descubierto esa parte de uno, porque uno teme que no lo amen, uno teme que nunca lo amen, uno teme que una parte suya sea grotesca, que el mundo le de la espalda."

Los talentos de Chaney se extendieron más allá del género del terror genre y el maquillaje artístico. También fue un bailarín, cantante y comediante muy hábil. De hecho, muchas personas que no conocían a Chaney se sorprendían por su deliciosa voz de barítono y su aguda capacidad para la comedia.

Chaney y su segunda esposa, Hazel, llevaron una vida privada discreta lejos del círculo social de Hollywood. Chaney promocionaba mínimamente sus películas y los estudios MGM, alimentando así su imagen de misterio.

Durante los últimos cinco años de su carrera (1925-1930), Chaney trabajó bajo contrato de exclusividad para MGM, realizando algunas de sus interpretaciones más memorables. Su papel como un duro instructor de la marina en Tell it To the Marines (1926), una de sus películas favoritas, le ganó el cariño del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, quienes lo nombraron el primer miembro honorario de la industria cinematográfica.

Chaney desarrolló una neumonía mientras filmaba Thunder en el invierno de 1929. A finales de ese mismo año se le diagnosticó cáncer de pulmón. Su condición fue empeorando poco a poco y murió de una hemorragia en la garganta siete semanas después del lanzamiento de una nueva versión de El trío fantástico. Su muerte afectó profundamente a su familia, a la industria del cine y a sus admiradores. Fue sepultado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery, en Glendale, California. Su lápida ha permanecido sin escritura alguna por razones que se desconocen.

En 1957, se estrenó una película titulada El Hombre de las Mil Caras (Man of a Thousand Faces) que relataba su vida. James Cagney interpretaba a Chaney.

viernes, 3 de septiembre de 2010

SHERLOCK HOLMES EN EL CINE

Sherlock Holmes es una de las figuras más representadas de la historia del cine, en feroz pugna con otras como Tarzán, Drácula, Napoleón o el mismísimo Jesucristo. La obra de Arthur Conan Doyle ha sido ingente inspiración para efectuar una gran cantidad de adaptaciones. Pero, además, los propios cineastas han recreado historias totalmente originales sobre el genio de Baker Street, o se han inspirado en la labor de otros escritores. Efectuemos un somero repaso sobre algunas de estas películas...

El éxito de Sherlock Holmes llegó a sorprender al mismísimo sir Arthur Conan Doyle. Su obra comenzó a ser publicada activamente en gran cantidad de países. No sólo eso: amén de la propia creación de Conan Doyle, se comenzaron a publicar obras apócrifas, en ocasiones adjudicadas al propio autor de La compañía blanca, y en otros casos sin citar autor alguno; países como Alemania o España vieron esas publicaciones a principios del siglo XX.

Además, pronto otros autores se hicieron eco del éxito del médico metido a escritor, y crearon otros personajes cuya simiente estaba indudablemente ligada al Rey de los Detectives. Sin ánimo de exaustividad, cabe destacar otros investigadores como sir Nayland Smith de Sax Rohmer -némesis del pérfido Fu Manchú, remedo a su vez del taimado Moriarty-, Harry Dickson de Jean Ray, Solar Pons de August Derleth o Jules de Grandin de Seabury Quinn, algunos de los cuales incursionaban no pocas veces en el área sobrenatural. Paralelamente a estos émulos holmesianos, otros autores también hicieron uso de la creación de Conan Doyle, en ocasiones de forma muy poco encubierta, como el Herlock Sholmes de Maurice Leblanc, y que concebiría para enfrentarlo a su propia creación, Arséne Lupin. Otros, en suma, ya emplearían directamente el personaje, con autorización o no de su creador (o sus herederos).

Mientras, el floreciente invento del cinematógrafo también habría de fijarse en nuestro personaje. A poco de iniciado el siglo XX, y cuando las obras para este arte aún en pañales habían de durar escasos minutos, no existía tiempo material para plasmar novela alguna, ni siquiera alguno de los muchos relatos. Así, la que es considerada primera película sobre la creación de Conan Doyle, Sherlock Holmes Baffled, fue rodada en 1900, esto es, aún en el siglo XIX, si bien no sería registrada oficialmente hasta el año 1903. En este pequeño gag de un minuto de duración y filmado en un soleado ático de Nueva York perteneciente a la American Mutuoscope and Biograph Company, Holmes es sorprendido por un caco que se introduce en su cuarto con el tópico saco al hombro, y al que habrá de hacer frente.

Nuevas cintas, aún titubeantes, seguirán presentando a nuestro personaje. De gran singularidad es Sherlock Holmes and the Great Murder Mystery, de 1908, pues aquí no se adapta historia alguna de Conan Doyle, sino de... Edgar Allan Poe. En efecto, se trata de una versión del relato "Los crímenes de la calle Morgue", en la cual el detective francés Auguste Dupin es reemplazado por el genio de Baker Street. Más misterios tendrán lugar durante la época del cine mudo, como en la danesa Sherlock Holmes i livesfare, del mismo año, donde nuestro héroe no sólo tendrá que vérselas con el habitual Moriarty, sino incluso con el ladrón Raffles, creación del cuñado de Doyle, Ernest W. Hornung.

Pronto surgirán gran cantidad de obras que adaptan tanto la obra de Conan Doyle como la famosa versión teatral de William Gillette, e importantes actores dan vida al genial detective, así Eille Norwood o Arthur Wontner en Inglaterra, o John Barrymore y Clive Brook en Estados Unidos, en especial. Una rareza, dentro de toda esta avalancha, supondrá el film norteamericano Estudio en rojo (A Study in Scarlet, 1933), de Edwin L. Marin, con Reginald Owen como Holmes y Warburton Gamble como Watson. Pese al título, no se trata de una adaptación de la novela de Conan Doyle, sino de una trama original debido al guionista (y también director) Robert Florey. ¿El argumento? Los miembros de una turbia organización van siendo asesinados de uno en uno según se describe en una canción infantil sobre "diez negritos". El lector, sin duda, exclamará: ¡Agatha Christie! Sin embargo, el libro de la célebre escritora fue publicado en 1939, seis años después del estreno de la película, por lo cual... En fin.

Otra rareza supondrá la alemana Sherlock Holmes (Der Mann, der Sherlock Holmes war), dirigida en 1937 por Karl Hartl, y protagonizada por las grandes estrellas del cine germano del momento Hans Albers y Heinz Rühmann, pero no como Sherlock Holmes y Watson, sino como sendos impostores. La celebridad de los personajes en Alemania era tal que ya incluso se efectuaban películas sobre gente que fingía ser ellos. Al final, los dos intrusos, sendos detectives de pacotilla, serán detenidos y juzgados por suplantar a los auténticos, hasta que al propio tribunal llegará el mismísimo Arthur Conan Doyle (Paul Bildt), que exculpará a los farsantes.

Sin lugar a dudas, la mayor celebridad es la que ostenta el ciclo de películas protagonizado por Basil Rathbone como Holmes y Nigel Bruce como Watson. En principio fue un díptico producido por la 20th Century Fox, y que adaptaba El perro de Baskerville y la socorrida obra teatral de Gillette; después, la productora cedió los derechos a la Universal, quien actualizó la época y rodó doce películas más. En algunas de ellas podía reconocerse remotamente la trama de alguno de los relatos de Conan Doyle, así, la primera de ellas, Sherlock Holmes and the Voice of Terror [tv/vd: Sherlock Holmes y la voz del terror, 1942], de Jack Rawlins, se inspira en "Su último saludo en el escenario"; sin embargo, muchas de ellas partían de guiones originales. Tras una primera etapa donde el enemigo se identificaba nada menos que con el III Reich -aburrida constante de la época-, después se le fue adjudicando enemigos más fascinantes, de no poca raigambre pulp, y de hecho las mejores aventuras de la saga son aquéllas que introducen tímidos conatos de cine de terror: La mujer araña [tv: Sherlock Holmes y la mujer araña] (Sherlock Holmes and the Spider Woman, 1944), de Roy William Neill (3), La garra escarlata [tv: Sherlock Holmes y la garra escarlata] (The Scarlett Claw, 1944), La casa del miedo [tv: Sherlock Holmes y la casa del terror] (The House of Fear, 1945) (4) y El caso de los dedos cortados [tv/vd/dvd: Sherlock Holmes y la mujer de verde (The Woman in Green, 1945).

Sin embargo, tras el abandono de Basil Rathbone, ya aburrido del personaje (también lo representaría en la radio o en algún cameo fílmico), no será hasta 1958 en el que regresa Sherlock Holmes, y su mejor personificación cinematográfica de todos los tiempos, al juicio del que suscribe: Peter Cushing, por medio de la versión Hammer de El perro de Baskerville dirigida por Terence Fisher. Lamentablemente, la película fue un fracaso, y ello imposibilitó la prosecución de todo un ciclo del personaje encarnado por Cushing.

Curiosamente, la siguiente película con el genio de Baker Street será personificada por el habitual colega de Cushing, Christopher Lee, y que en la previa había interpretado a sir Henry Baskerville. El collar de la muerte (Sherlock Holmes und das Halsband des Todes, 1962) fue una coproducción entre Alemania, Francia e Italia que se intentó vender internacionalmente, y para ello se buscaron diversos nombres de la Hammer: Lee como Holmes, Thorley Walters como Watson y Terence Fisher en la realización, y como guionista contaron con el escritor americano, originario de Alemania, Curt Siodmak, quien efectuó una historia original con ciertos puntos de contacto con El valle del miedo. Muy poco vista en décadas, ahora está disponible para nuevas generaciones en formato dvd, y podremos vislumbrar una de las mayores rarezas del personaje, que, como colofón, ofrece un comentario final sobre un nuevo enemigo al que ha de enfrentarse Holmes: Jack el Destripador.


Y precisamente, la siguiente aventura de Sherlock Holmes le encaró al destripador de Whitechapell. Estudio de terror (A Study in Terror/Sherlock Holmes grosster Fall) es una producción británica -con una tímida participación germana- rodada en 1965 por el discreto Jack Hill, pero que habrá de pasar a la historia, a pesar de esa limitación. En efecto, aquí disfrutamos del primer enfrentamiento en la pantalla entre Jack el Destripador y el mismísimo Sherlock Holmes. Estudio de terror dispone, ante todo, de un excelente guión magníficamente estructurado y en el que se acumulan los habituales apuntes que hacen la delicia de todo holmesiano, a pesar de la sencillez de su resolución final. Una hermosa y pastosa fotografía en color es otro de los alicientes que ayudan a ocultar la torpe realización de Hill, llena de zooms y una convencional planificación, pero que en más de una ocasión, y sobre todo en el excelente clímax, la lucha entre Sherlock y Jack, consigue ocultar lo obvio de la dirección e interesar al espectador. El magnífico reparto incluye a John Neville como Holmes, Donald Houston como Watson, un sublime Robert Morley como Mycroft (el hermano de Holmes), y no diremos quién interpreta al Destripador por desvelarse en los últimos minutos de la cinta.

Uno de los títulos más importantes de la filmografía holmesiana será La vida privada de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes, 1970), en la cual su genial director, Billy Wilder, explora lo que el título insinúa, a partir de un guión escrito junto a su habitual I.A.L. Diamond. Se juega con la misoginia del personaje, y se sugiere, y al tiempo se derriba, una relación homosexual entre los dos personajes, se hace aparecer al monstruo del lago Ness, y tiene una participación importante Mycroft. Una magistral película, que, sin embargo, no debió gustar a los productores, que masacraron el resultante y alteraron su perfecto ritmo.


Tras alguna parodia sobre la cual será preferible correr un tupido velo, nuestro personaje regresará con una muy peculiar producción. Nicholas Meyer, curioso hombre que se inició en la literatura, publicó en 1975 una novela proponiendo una aventura "inédita" de Sherlock Holmes con Elemental, Dr. Freud (The Seven Per Cent Solution), sencilla y hábil obra en la cual enfrenta a Holmes con el padre del psicoanálisis. El éxito de ventas, e incluso de crítica, condujo a su correspondiente adaptación cinematográfica que contó con idénticos títulos original y español al año siguiente, y con dirección del antiguo coreógrafo Herbert Ross. El reparto fue de lujo pero poco espectacular, con Laurence Olivier como Moriarty, Alan Arkin como Sigmund Freud, Vanessa Redgrave como Irene Adler, un sorprendente Robert Duvall como Watson y el actor de teatro Nicol Williamson -posterior Merlín en la magistral Excalibur (Excalibur, 1981), de John Boorman- como Holmes. De igual modo, se contrató al propio Meyer para escribir el guión -ya había escrito el libreto de la espantosa Invasion of the Bee Girls [tv: La invasión de las chicas avispa;vd: La invasión de las abejas reina, 1973], de Dennis Sanders- y, sorprendentemente, el escritor varió totalmente la trama policial de la película, conservando los personajes y las relaciones que entre estos se establecen.

Mientras, alentado por el éxito de su libro, Meyer "descubre" al año siguiente otro manuscrito perdido de Watson y lo publica bajo el título de Horror en Londres (The West-End Horror), con mejores resultados que el primero, y donde hace aparecer -como sospechosos de asesinato- a George Bernard Shaw, Oscar Wilde y Bram Stoker. La intención era hacer una nueva película también a partir de este libro, pero curiosamente el film de Ross fue un relativo fracaso y el proyecto se frustra, para desesperación de todo amante de la novela y el personaje.

En 1978 tendremos otra obra esencial. Asesinato por decreto (Murder by Decree, 1978), de Bob Clark, ofrece un nuevo enfrentamiento entre el detective de Baker Street y el destripador de Whitechapel, pero esta vez, acorde con nuevos tiempos, más espectaculares, se alían conjuras masónicas, drogas alucinógenas y corrupción en el 10 de Downing Street. Como Holmes tenemos a un adecuado Christopher Plummer (pese a que inevitablemente parece imitar de continuo al incomparable Peter Cushing), y gozamos con el, a mi juicio, y como ya dije, mejor Watson de todos los tiempos, James Mason. Coproducción anglo-canadiense, entre las versiones para cada país hay sutiles diferencias de montaje, pequeñas pero evidentes, que no obstante permiten apreciar la intención de Clark, la cual no es otra que la de recrear la época victoriana desde el clásico look Hammer, con resultados halagüeños y hasta apasionantes, dados los tiempos espurios que corrían entonces y aún sufrimos.

Otro título que habría que citar, pese a sus muchas insuficiencias, es El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes, 1986), de Barry Levinson, donde se explora la juventud de nuestro controvertido personaje, entrando en directa contradicción con lo preestablecido de antemano. Todo ello no sería despreciable, con todo, si no fuera por el contumaz infantilismo de la producción en sí, donde Levinson explora una trama con cierto interés con estilemas propios de una producción para niños, inserta una ridícula historia de amor y humor cretino, y lo mejor lo deja para el final de los créditos, por lo cual muchos espectadores serán inconscientes de ello.

Muy superior a ésta es otra producción presumiblemente más infantil, Basil, el ratón superdetective (Basil, the Great Mouse Detective, 1986), película en dibujos animados de la Disney servida por un impecable ritmo, una historia deliciosa y con algunos suculentos elementos para los paladares del más entusiasta seguidor holmesiano, en especial si se disfruta de la obligatoria versión original del film: los dos ratones detectives viven en un agujero del apartamento del 221B de Baker Street, y pueden escuchar a los mismísimos Holmes y Watson comentando sus casos: esa ocasión es aprovechada por los creadores del film para incluir en la banda sonora un extracto de un diálogo de Basil Rathbone de una de sus muchas películas. Por lo demás, el maquiavélico ratón al cual se enfrentarán nuestros héroes, Rattigan, no es sino un evidente émulo de Moriarty, y cuenta con la inigualable voz del gran Vincent Price en la versión original.

Y aún habremos de citar otra obra peculiar, como es Sin pistas (Without Clues, 1988). Su director fue Thom Eberhardt, quien en 1984 había dirigido La noche del cometa (The Night of the Comet), atroz film de ciencia-ficción y zombies que supone uno de los mayores engendros de la época, imposible de concebir para un equipo cinematográfico profesional. Ahora, sorprendentemente, con Sin pistas, aún sin alcanzar una obra maestra, consigue una obra fresca y viva, aunque justo es reconocer que el gran mérito deriva de sus intérpretes y de una trama un tanto original. El doctor Watson es un escritor afamado por sus narraciones ficticias de Sherlock Holmes; pero el éxito llega a tal punto que se le demanda que el sagaz detective sea presentado en sociedad, por lo cual habrá de buscar a un actor, un tal Reginald Kincaid, acabado y alcoholizado, amén de notoriamente idiota. Embarcados en una aventura, habrá de ser el inteligente Watson el que haya de sacar de problemas al torpe Holmes... Todo ello, brindado por unas prodigiosas interpretaciones de Ben Kingsley como Watson y, en especial, un Michael Caine en estado de gracia como Kincaid/Holmes, que conduce su(s) personaje(s) con una facilidad y espontaneidad encomiables. Sin duda, sin semejantes intérpretes el film sería muy inferior.

Una de las últimas aportaciones al mito proviene nada menos que de Brasil, en unión con Portugal, para brindar una adaptación al cine del decepcionante libro O xangô de Baker Street en 2001, a dirigir por Miguel Faria Jr. y que exhibe la peculiaridad de ofrecer como Sherlock Holmes a Joaquim de Almeida que, por descontado, tampoco brinda el físico adecuado.

TIMOTHY McVEIGH Y OKLAHOMA CITY

A las 9:02 a.m. del miércoles 19 de abril de 1995, en la calle frente al edificio Alfred P. Murrah federal building, un camión alquilado de la firma Ryder, con una carga de alrededor de 2.300 kg de explosivos caseros detonó. La bomba estaba compuesta de Nitrato Amónico mezclado con combustible y nitrometano, un combustible altamente volátil; a esta mezcla se le conoce comúnmente como ANFO (por sus siglas en inglés: Amonium Nitrate and Fuel Oil). Los efectos de la explosión se sintieron hasta en el Puente Creek, a una distancia de 48 Kilómetros.

90 minutos después de la explosión Timothy McVeigh, un veterano de la Guerra del Golfo, fue arrestado mientras viajaba hacia el norte fuera de Oklahoma City por conducir sin matrícula de circulación. En el juicio a McVeigh, el gobierno estadounidense declaró que la motivación del atentado fue vengar el Asedio de Waco y Ruby Ridge. En ambos casos, McVeigh culpaba a los agentes federales del Gobierno de las muertes violentas que allí se produjeron.

Hijo del obrero de la General Motors William McVeigh y la agente de viajes Mickey McVeigh, creció en el oeste del estado de Nueva York. Entre sus pasatiempos se encontraban la televisión, el cine, las historietas, el fútbol americano y el béisbol.

Precisamente, en 1978 mientras entrenaba con su equipo de béisbol, fue golpeado por otro joven mayor que él. Este incidente le hizo alimentar un gran odio contra todas las instituciones o personas que abusaran de los débiles.

En diciembre de 1979 los padres de McVeigh se separaron y dejaron que sus hijos decidieran con quién vivir. Jennifer y Patty se quedaron con su madre y Timothy con su padre.

McVeigh nunca sintió afecto por sus padres, pero sí por su abuelo paterno Ed McVeigh, con quien practicaba tiro con armas de fuego.

Tras tratar infructuosamente de recomponer su matrimonio, los padres de McVeigh se divorciaron definitivamente en 1986.

Después de graduarse de la escuela secundaria "Sweet Home" y estudiar con una beca, abandonó los estudios universitarios para trabajar, entre otras cosas como empleado de una hamburguesería y guardia de seguridad en Buffalo (NY).

En sus ratos libres leía libros por correo como Cabalgar, disparar con tino y decir la verdad, de Jeff Cooper y la novela ultraderechista de William Pierce "Los diarios de Turner", escrita en 1978, que narraba la historia de Earl Turner, un aficionado a las armas de fuego que, ante el endurecimiento de las leyes sobre posesión de armas, construye un camión-bomba y hace estallar las oficinas centrales del FBI en Washington.

Ante la posibilidad de que el Congreso de los Estados Unidos y las autoridades federales prohibieran la posesión de armas de fuego a la población civil, McVeigh ingresó en el ejército en mayo de 1988.

Entrenó primero en Fort Benning. En ese lugar trabó amistad con Terry Nichols, quien también detestaba al gobierno.

Posteriormente fue traspasado a Fort Riley, junto a Nichols y Michael Fortier, quien compartía las ideas políticas de McVeigh. Se dedicó con pasión a su carrera militar, al punto de tener un uniforme y botas extras para presentarse impecable a la inspección.

Después de obtener la mejor puntuación de su batallón (1000 puntos) en el entrenamiento con tanques Bradley, solicitó su ingreso en las Fuerzas Especiales o Boinas Verdes. Antes de poder presentarse al adiestramiento, el dictador iraquí Saddam Hussein invadió Kuwait y el grupo de McVeigh partió al Golfo Pérsico.

Llegó a Arabia Saudí en 1991. El 22 de febrero, durante la operación "Tormenta del Desierto", la división de tanques a la que pertenecía McVeigh avistó una trinchera iraquí de ametralladoras a más de un kilómetro y medio. Tras ordenársele abrir fuego, McVeigh hizo volar el cráneo de un soldado iraquí. Los horrores de la guerra le afectaron emocionalmente, sufriendo estrés postraumático.

En marzo de 1991 regresó a Estados Unidos para participar en el curso de selección y evaluación de los Boinas Verdes. El entrenamiento de 24 días era mucho más duro que el básico y McVeigh renunció a los dos días de haber empezado.

Fue condecorado por el gobierno por sus servicios en el Golfo Pérsico con la "Insignia de Combate" de la Infantería y la "Estrella de Bronce".

El 21 de agosto de 1992, en Ruby Ridge (ID), agentes del FBI protagonizaron un tiroteo con Randy Weaver, partidario de la segregación racial, por vender armas ilegalmente a un informante del gobierno. El resultado fue de tres muertos: la esposa de Weaver, su hijo y un policía.

En febrero de 1993, la ATF tomó por asalto la sede de la secta davidiana en Waco, Texas, para cumplir una orden judicial por venta ilegal de armas. Tras un tiroteo, cuatro agentes y seis davidianos murieron y varios otros resultaron heridos, entre ellos el líder de la secta, David Koresh. Los agentes se retiraron y los davidianos permanecieron en su sede. McVeigh decidió entonces viajar a Waco para presenciar los hechos, pero se le impidió el paso en un puesto de control.

Después de asistir a varias exposiciones de armas, viajó a la granja de su amigo Terry Nichols, en Decker, Míchigan. Allí se encontraba cuando, el 19 de abril de 1993, el cuartel de los davidianos fue incendiado por la policía. Murieron Koresh y 75 miembros de la secta. Este hecho fue decisivo en su vida y reafirmó su pensamiento antigubernamental.

En mayo de ese año se trasladó a Kingman, Arizona, para visitar a Michael Fortier.

En septiembre de 1994, McVeigh se enteró de que estaba a punto de aprobarse una ley que prohibiría a los civiles poseer armas de fuego. Después de esto, le confesó a Fortier que planeaba poner una bomba en un edificio federal del gobierno estadounidense y lo invitó a colaborar.

Pese a la negativa de Fortier, le explicó cada detalle del futuro ataque. McVeigh escogió como blanco el edificio Alfred P. Murrah, en Oklahoma y la fecha 19 de abril de 1995, el segundo aniversario de la tragedia de Waco.

McVeigh y Nichols robaron de una cantera en Marion, Kansas, 1.800 kilos de nitrato de amonio y varias cajas de Tovex altamente explosivas. Con éstos, el 16 de abril de 1995, fabricaron una furgoneta-bomba en la orilla del lago Geary, en Oklahoma. Previamente, McVeigh estacionó su medio de escape, un automóvil Mercury de color amarillo. En él puso un cartel para no remolcarlo y dentro un sobre con un escrito donde explicaba sus motivos para efectuar el atentado.

A Timothy McVeigh no le importaban las víctimas. Según él, aunque no eran culpables, trabajaban para un "Imperio del mal".

El 13 de junio de 1997, fue declarado culpable y condenado a muerte. Terry Lynn Nichols fue sentenciado a cadena perpetua por 160 cargos de homicidio. Michael Fortier fue condenado a 12 años de cárcel por no advertir al gobierno sobre el atentado.

McVeigh tuvo el número del Agencia Federal de Prisiones 12076-064.

El 11 de junio de 2001, fue ejecutado con la inyección letal en Terre Haute (Indiana).

martes, 17 de agosto de 2010

¿ESCRIBIÓ SHAKESPEARE SUS OBRAS?

Alrededor de ciento cincuenta años después de la muerte de William Shakespeare en 1616, muchas dudas comenzaron a emerger en el ámbito literario británico, sobre la autoría del dramaturgo a las obras y poesías atribuidas a su persona. El término “autoría shakespeariana” se refiere normalmente a la teoría de conspiración preponderada por los académicos que se mostraban reacios a creer en Shakespeare como compositor de la producción literaria que giraba a sus espaldas. Debe ser distinguida de los debates menos contenciosos que versan sobre lo que realmente Shakespeare escribió en el mundo colaborador del teatro isabelino.

El registro histórico muestra que desde 1590 a 1620, un buen número de obras y poemas fueron publicados bajo el nombre de 'William Shakespeare', y que la compañía que representaba las piezas teatrales incluía a un actor del mismo nombre. Este artista puede ser identificado como el William Shakespeare nacido en Stratford-upon-Avon, dado que este último dejó acciones en su testamento que iban destinadas al cuerpo actoral de la compañía londinense. También, la existencia de un monumento funerario en Stratford que lo proclama como escritor y que los poemas del First Folio le llaman el "Cisne de Avon", avalarían el prestigio del que gozó el autor ya en su tiempo. La visión tradicional del William Shakespeare de Stratford es aquella en la que el joven poeta deja su pueblo natal para trabajar en Londres y conseguir triunfar en el Teatro empezando desde el humilde puesto de quien abre la puerta de las carrozas.

Anti-Stratfordianos niegan esta versión y consideran que Shakespeare no contaba con la suficiente formación como para haber escrito las obras y los poemas que se le atribuyen. De esta forma, sostienen que Shakespeare, el actor de Stratford, era la máscara de otro autor que deseaba permanecer en el anonimato. El debate de autoría gira, pues, en torno a dos preguntas: ¿Era el Shakespeare de Stratford inhábil para escribir las obras teatrales que se le atribuyen y le merecieron su fama? Y en el caso de que así fuera, ¿quién pudo ser el autor que se ocultó detrás de su nombre?

Durante el siglo XIX, el candidato alternativo más popular fue Sir Francis Bacon, aunque la mayoría de los críticos del momento se mostraron refractarios a cualquier disyuntiva. El poeta norteamericano Walt Whitman manifestó su escepticismo cuando le dijo a Horace Traubel, "Estoy con vosotros, compañeros, cuando decís “no” a Shakespeare [...]: es a lo que puedo llegar. Respecto a Bacon, bueno, veremos, veremos."

A partir de 1980, Edward de Vere, cuyo caso fue abordado por John Thomas Looney en 1920, y Charlton Ogburn en 1984, fue otro presunto acreedor del amplio legado shakespeariano. El poeta y dramaturgo Christopher Marlowe ha sido asimismo catalogado dentro de la lista de las posibilidades, su temprana muerte en extrañas circunstancias anima la teoría Marlowe. Otros autores han sido propuestos, pero sin conseguir un número significativo de adeptos.

Actualmente, el canon en el mundo académico es que la autoría de las obras de Shakespeare está bien establecida, no dando relevancia a las dudas que se suscitan sobre esta autoría, considerándolas meras especulaciones.

Aquellos que cuestionan al William Shakespeare de Stratford-upon-Avon como autor de sus obras, se denominan a sí mismos anti-Stratfordianos, mientras que los que no cuestionan la capacidad del dramaturgo, en este sentido, son conocidos como Stratfordianos—aunque no se proclamen bajo este nombre, puesto a que dan por hecho la autoría shakespeariana.

Shakespeare habría muerto de fiebre, como consecuencia de su estado de embriaguez en febrero de ese mismo año, cuando celebró una reunión literaria con Ben Jonson y Drayton, dos editores de gran renombre.

Tras el incendio del Globe Theatre, muchos textos se perdieron, quedando en manos de distintos escritores, que se tomarían el trabajo de reescribirlos. Entre ellos figuraban los nombres de Fletcher y Donne, quienes se reunían con Shakespeare el primer viernes de cada mes. Obras como Enrique VIII, que ha sido atribuida al dramaturgo inglés, fueron redactadas en compañía de otros autores como el ya mencionado Fletcher.

Es bastante probable que Shakespeare fuera influenciado por allegados a su círculo intelectual, tal era el caso de Marlowe, Nash y Peele, señalados por los anti-Stratfordianos como posibles autores de las 36 epopeyas de la literatura universal que serían registradas en el First Folio, hacia 1623.

La mayor preocupación era la que concernía a la división de bienes por oportunas publicaciones. Algunos autores evitaban tener que pagar dividendos a otros colegas, por lo que se concentraban en editar sus obras bajo el nombre de un único hombre de letras. El decimoséptimo conde de Oxford, Edward de Vere (1550-1604), ha sido apuntado como el más fiable de todos los escritores que podrían haber escrito gran parte de las obras de Shakespeare. Poeta lírico y dramaturgo, a Edward no le interesaba el dinero ni el reconocimiento ajeno, por lo que terminó sumido en la pobreza al ceder sus derechos a la compañía Chamberlain, oportunidad de la que Shakespeare pudo haber sacado algún provecho. Vere temía, además, que la reina Isabel I le cancelara la renta anual de 1.000 libras que recibía para su propio mantenimiento; hecho que terminaría por concretarse una vez que la monarca tomara represalia en respuesta de las malas administraciones del conde.

El afamado John Lyly y el poeta Anthony Munday, bien pudieron haber contribuido con buena parte de la tarea del gran dramaturgo.

"Sakspere"—como se deletreaba originalmente—sólo ha dejado su huella en una serie de documentos de índole mercantil y judicial; algo que los grafólogos atribuyen a un hombre de nivel académico insuficiente.

Muchas reseñas biográficas sobre la vida del escritor isabelino han pretendido desestimar a una decena de presuntos coautores, elevando a Shakespeare a la categoría de los grandes de la literatura universal, posición que ocupan unos pocos como Cervantes, Homero, Dante, Virgilio, Sófocles, entre otros.

Thomas Looney, historiador británico especialista en literatura isabelina, puso de relieve la presunta autenticidad del autor del First Folio. El filósofo y médico neurólogo austríaco Sigmund Freud lo secundó en 1938, expresándole sus más sinceras felicitaciones y mencionando a Edward de Vere, como el verdadero y silenciado artista, responsable de gran parte del volumen literario de William.

Al club de los “anti-Stratfordianos” se sumó el ilustrado francés Voltaire, como lo demuestra su dura manifestación: "Los ingleses lo compararan con Sófocles. Era fecundo y sublime, es cierto, pero sin el menor gusto y sin el menor conocimiento de las reglas."

Exite una teoría que defiende que fue Francis Bacon quien creó las obras atribuidas a Shakespeare, y que este nombre sería un seudónimo con claves masónicas. La doble A (A.A) fue el código utilizado por Bacon para referirse a AthenA, conocida en la mitología griega como Pallas, Athena o Atenea, virgen, diosa venerada en las Escuelas de Misterios de Bacon, donde los iniciados juraban proteger su honor e ideales. Athena suele representarse con un casco sosteniendo una lanza en su mano derecha, dispuesto a matar una serpiente que repta a sus pies. Los antiguos griegos le dieron el apodo de Spearshaker (sacudidora de lanzas), porque cuando los rayos matutinos del sol caían sobre la lanza, la gente comentaba: "Atenea sacude la lanza de nuevo". Los iniciados de los hermanos rosacruces se llamaban a sí mismos, Spear-shakers y Bacon era su líder. W.F.C. Wigston, en su libro Bacon and the Rosacrucians, afirma que fue símbolo secreto de Bacon para declarar que era representante de los Spear-shakes bajo el nombre de Shake-speare, identificando al dramaturgo y al filósofo en una misma persona. Bacon empleaba las letras primera y última del nombre de Athena (A.A) como encabezado para marcar sutilmente ciertos libros relacionados con las órdenes secretas de los rosacruces y los masones. De este modo podía divulgar sus misterios personales. Otro aspecto del código (A-A) era que una de las "aes" se imprimía clara y la otra, en oscuro. Esto indicaba que aunque había muchas cosas claras y fáciles de entender en el libro que fuese, quedaban muchas otras en la sombra, que sólo podían descifrarse mediante la búsqueda. El nombre completo de Bacon construyó para aparecer el las páginas con los títulos de sus obras habría sido el de William Shakespeare , sin ninguna referencia a Stratford, asociado con un nombre similar (Shakspur). Existen razones para sospechar que el Shakspur de Stratford no tenía relación alguna con William Shakespeare , ya que este nombre tiene una función numerológica importante. Al examinar las pistas dejadas por Bacon, vemos que el año 1623 fue elegido intencionalmente para la publicación de un tomo completo de obras de teatro, por los estrechos vínculos de los números que lo componen con los nombres combinados de William Shakespeare y Sir Francis Bacon. En otras palabras, el número total de las letras de los dos nombres suma 33, el número críptico masónico.cita requerida

Dentro de los argumentos que se hallan a favor del dramaturgo, encontramos, en primera instancia, el de su padre John, alcalde de Stratford y promotor de las empresas teatrales ambulantes. William pudo entonces sentirse atraído por la comedia, como así lo atestiguan pequeñas referencias que aluden a su temprana carrera como actor, y que terminarían constituyendo su capacidad de narrar y el sentimiento que le llevó a escribir, tras atender al llamado de la reina Isabel I, que se encontraba en busca de nuevos talentos nacionales que pudieran competir a la par de las personalidades más destacadas del arte literario español.

Shakespeare comenzó su carrera, siguiendo muy de cerca a Wyatt y Surrey, de quienes adoptó algunos elementos que le valieron para la elaboración de sus primeros sonetos. Spenser también pudo haber sido un modelo a seguir por el autor, y escritores como Nashe y Marlowe extendían y modificaban algunos de sus pasajes. Robert Greene fue uno de los críticos que atacó más duramente a la obra de Shakespeare, mientras que Richard Field se encargó de publicar su primer gran trabajo: Venus y Adonis.

Ben Jonson, un destacado escritor del período jacobeo, sería su máximo defensor, al tiempo que Condell y Heminges consagrarían su esfuerzo con su primera edición del First Folio.

En el presente, las dudas siguen alimentándose de forma inversa al éxito de Shakespeare. Francis Bacon (1561-1626), político, filósofo, científico y hombre de letras sigue siendo el aspirante predilecto de la crítica. Uno de los aspectos negativos que más se ha sacado a relucir es el de las dificultades que tuvo el dramaturgo en acceder a una digna educación, con lo cual se haría difícil atribuirle tantas referencias intelectuales que encontramos en sus obras.

No obstante, quienes defienden la autenticidad de Shakespeare, lo hacen alegando que el no haber dispuesto de formación universitaria no sería excusa, puesto a que el autor tuvo acceso a libros que reflejaban los temas principales que explotaría más adelante en sus obras. Además, el que William no dispusiera de conocimientos de métrica no lo descalifica necesariamente, sino téngase en cuenta lo que diría su contemporáneo John Lyly: "El poeta nace, no se hace".

La muerte de Hamnet, su hijo menor, podría asimismo dar fe de la autoría de Shakespeare sobre "Hamlet", posiblemente dedicada a aquel.

domingo, 15 de agosto de 2010

LOS SERIALES DE BELA LUGOSI


Warning Shadow / The Whispering Shadow (La Aparición Siniestra-1933)
Mascot
Director: Al Herman y Colbert Clark
Guión: George Morgan, Colbert Clark, Wyndham Gittens, Howard Bimberg, Barney Sarecky y Norman Hall.

Reparto: Bela Lugosi (Adam Strang), Viva Tattersall (Vera Strang), Malcolm MacGregor, Henry B. Walthall, Robert Warwick, Roy D'Arcy, Karl Dane, Lloyd Whitlock, Robert Kortman, Lafe McKee, George Lewis, Tom London, Ethel Clayton, Jack Perrin y Norman Feusier.

Comentarios: El primer serial filmado por Lugosi se estrenó en 1933. Fue también su tercer filme para un estudio de los llamados Poverty Row (un sobrenombre que se le asignó a estudios como la Monogram y la Republic, productoras independientes con escasos presupuestos). La Mascot usualmente produjo seriales destinados a audiencias juveniles, los cuales nunca tuvieron la misma consideración que los largometrajes. Sin embargo en este caso Lugosi recibió una paga tres veces más onerosa que la de DRACULA.

The Return of Chandu (El Nigromante Infernal-1934)
Principal
Director: Ray Taylor
Guión: Barry Barringer

Reparto: Bela Lugosi (Dr. Frank Chandler/Chandu el Mago), Maria Alba (Princesa Nadji), Clara Kimball Young, Lucien Prival, Phyllis Ludwig, Dean Benton, Bryant Washburn, Peggy Montgomery, Wilfred Lucas, Cyril Armbrister, Elias Lazaroff, Dick Botiller, Murdock McQuarrie, Jack Clark y Joseph Swickard.

Comentarios: Estrenado en octubre de 1934 y basado en el serial radiofónico de Harry M. Earnshaw, Lugosi interpretaba al misterioso y romántico Chandu a lo largo de este serial en el que rescataba a la princesa Nadji (Maria Alba) y ganaba su amor. Es notorio que Lugosi había ya interpretado al villano en la primera versión fílmica del personaje (con Edmund Lowe como Chandu).

Shadow of Chinatown (Misterio en el Barrio Chino-1936)
Victory
Director: Bob Hill
Guión: Isadore Bernstein y Basil Dickey

Reparto: Bela Lugosi (Victor Poten), Joan Barclay, Herman Brix (luego Bruce Bennett), Luana Walters, Maurice Liu, William Buchanan, Forrest Taylor, Charles King, James B. Leong, Henry F. Tung, Paul Fung y George Chan.

Comentarios: Estrenado en 1936, yo considero este serial como el peor filme de Lugosi durante los años '30 y digno de entrar en la competencia junto a PLAN 9 FROM OUTER SPACE (1959) por el premio a la peor película jamás filmada. Producido por "Jungle" Sam Katzman, "célebre ávaro hollywoodense", el efecto del pobre presupuesto, la insignificante producción y el guión era como para convertir a THE WHISPERING SHADOW (1933) en una obra de gran calidad. Lugosi intrerpretaba al eurasiático Victor Poten, quien desea no solo destruir a las raza blanca sino también a la mongoloide. La actuación de Lugosi y la presencia sensual de Luana Walters (desafortunadamente no emparejada con habilidad actoral) eran los únicos encantos de esta producción, que en definitiva fue aburrida, repetitiva, barata y tonta.

The Phantom Creeps (El Monstruo Fatal-1939)
Universal
Director: Ford Beebe y Saul A. Goodkind
Guión: George Plympton, Basil Dickey y Mildred Barish

Reparto: Bela Lugosi (Dr. Alex Zorka), Robert Kent, Regis Toomey, Dorothy Arnold, Edward Van Sloan, Eddie Acuff, Anthony Averill, Edwin Stanley, Jack C. Smith, Roy Barcroft, Forrest Taylor, Karl Hackett, Robert Blair, Jerry Frank, Dora Clement, Hugh Huntley y Charles King.

Comentarios: Serial estrenado en agosto de 1939 y basado en una historia de Willis Cooper. Fue el último serial que filmó Lugosi. Su papel fue el de un científico que es conducido a la locura por haber causado inadvertidamente la muerte de su esposa. Los puntos de gran emoción ocurrían durante el primer episodio, cuando descubría el cadáver de su mujer. Luego, los siguientes episodios mostraban ya los típicos recursos de los relatos juveniles, con Lugosi dirigiendo un robot gigante, un ingenio arácnido explosivo y un cinturón "desvisualizador", siempre en orden de conquistar el mundo. Bojarski nota que "el obvio divertimento de Lugosi es tramar la mejor manera de dominar el planeta, y su entusiasmo es tan contagioso, que nosotros mismos también tiramos para él"

jueves, 5 de agosto de 2010

MOÁIS

Los más de 600 moáis conocidos tallados por los antiguos rapa nui están distribuidos por toda la Isla de Pascua. La mayoría de ellos fueron labrados en toba del volcán Rano Raraku, donde quedan 397 moáis más en diferentes fases de acabado. Todo indica que la cantera fue abandonada repentinamente, quedando estatuas a medio labrar en la roca. Prácticamente todos los moáis terminados fueron posteriormente derribados por los isleños nativos en el período siguiente al cese de la construcción.

En un principio, estas estatuas gigantes llevaban también unos copetes o moños de piedra roja, llamados pukao, que pesan más de 10 toneladas, que se extraían en el cráter de Puna Pau, a veces muy lejos de las estatuas. Además, después debían ser levantados a la altura debida para colocarlos sobre las cabezas.

En 1978, se descubrió que en las cavidades oculares se colocaban placas de coral a modo de ojos. Estos fueron retirados, destruidos, enterrados o arrojados al mar, en donde también se han localizado. Esto concuerda con la teoría que los mismos pobladores los derribaron, quizás durante guerras tribales.

Los primeros navegantes europeos que a comienzos del siglo XVIII llegaron a la Isla de Pascua no pudieron creer lo que estaban viendo. En esa pequeña área de tierra, descubrieron cientos de estatuas enormes sobre la superficie de toda la isla.El significado de los moáis es aún incierto, y hay varias teorías en torno a estas estatuas. La más común de ellas es que las estatuas fueron talladas por los habitantes polinesios de las islas, entre los siglos XII y XVII, como representaciones de antepasados difuntos, de manera que proyectaran su mana (poder sobrenatural) sobre sus descendientes.

Debían situarse sobre los ahus (plataformas ceremoniales) con sus rostros hacia el interior de la isla y tras encajarles unos ojos de coral o roca volcánica roja se convertían en el aringa ora (rostro vivo) de un ancestro.

Se cree que montañas enteras fueron removidas para su creación. La roca volcánica podía ser cortada con relativa facilidad con herramientas de basalto y obsidiana, dándoles su forma básica en la propia cantera. Posteriormente eran extraídas y semienterradas en las cercanías para ser esculpidos los detalles.

Aún más controvertida es la manera en que eran trasportados por la isla hasta su ubicación definitiva. No se sabe exactamente cómo eran trasladados, pero es casi seguro que dicho proceso exigió el uso de trineos o rodillos de madera. Una segunda teoría apunta a que fueron movidos balanceándolos con cuerdas: en 1986 Pavel Pavel, Thor Heyerdahl y el Museo Kon Tiki demostraron que una veintena de personas y algunas maromas eran suficientes para transportar una estatua de 9 toneladas.

Durante el verano del año 2000, un equipo arqueológico norteamericano descubrió datos que sugieren la utilización de máquinas complejas en la isla hace siglos. El geólogo Charles M. Love y un equipo de 17 estudiantes excavaron secciones de las tres principales carreteras que sirvieron para transportar las estatuas gigantes. Parte de estas carreteras fue excavada originalmente en el lecho de roca de la isla, formado principalmente de roca volcánica de un tipo conocido como pahoehoe.

Curiosamente, las carreteras no son planas sino que su sección muestra una forma característica en "V" o "U". Su anchura media es de 3,5 metros y se requiere un alto nivel de conocimiento ingenieril. En algunos tramos, las carreteras están flanqueadas por líneas de rocas.

Pero quizá lo más sorprendente es que estas rocas no están simplemente colocadas allí, sino encajadas en agujeros tallados en el lecho de roca que forma el suelo de la isla. Un detalle relevante es que este tipo de agujeros se da en los tramos en los que la carretera discurre cuesta arriba. El Dr. Love especula con la posibilidad de que estos agujeros fueran colocados allí para acomodar algún tipo de mecanismo ideado para ayudar a mover las gigantescas cabezas de piedra y salvar desniveles que, de otra manera, requerirían un notable esfuerzo.

Estos agujeros, así como la curiosa forma en "V" de las carreteras nos indican que aún existen importantes incógnitas sobre el sistema que emplearon los nativos de la isla de Pascua para erigir sus misteriosos moáis.

  • Todos los moáis fueron derribados de sus ahus (plataformas) en el siglo XVII. Desde 1956 unos pocos de ellos han sido restaurados.
  • Todos los moáis que estuvieron erigidos sobre sus ahus miraban al interior de la isla, excepto los siete situados en el Ahu Akivi, que al parecer representan a los siete exploradores que precedieron a los primeros colonizadores. Fue restaurado en 1960.
  • El Ahu Vinapu está realizado con técnicas de construcción semejantes a las incaicas como las de Cuzco.
  • El Moái Paro, es el moái más alto de entre todos los terminados, y se ubica en la plataforma Te pito kura, medía 11 metros y pesaba unas 80 toneladas. Actualmente se encuentra derribado y seccionado en tres partes.
  • En la cantera de Rano Raraku existe una estatua inconclusa de 21 metros.
  • El Ahu Tongariki es la mayor de las plataformas existentes con 200 metros de largo y 15 moáis sobre él. Fue restaurado entre 1996 y 1997.
  • Los moáis de la Isla de Pascua fueron candidatos para las Nuevas Siete Maravillas del Mundo y terminaron octavos en la votación.
  • En 1929 los habitantes de la isla le regalaron un moái al presidente Carlos Ibáñez del Campo, pero el mandatario se deshizo de él ya que cuenta la leyenda que un asesor le comentó que traía mala suerte.


lunes, 2 de agosto de 2010

NUESTROS AMIGOS LOS ANIMALES (3): PECES ABISALES

Hasta finales del siglo XIX no se creia que hubiera seres vivos en profundidades mayores a 2.000 metros.

Un siglo después, en 1977, los biólogos descubrieron que por debajo de los 2.500 metros existía una fauna más abundante de la que se pensaba: cangrejos gigantes, mejillones de 30 cm... Las masas de agua en los fondos abisales están calentadas por chimeneas hidrotérmicas que se abren en las partes inestables de la corteza terrestre.

Cuando se forma una de ellas, el agua del mar se introduce en la roca al rojo vivo y es expulsada, después de haber hervido a causa de la temperatura de la chimenea, a unos 420 grados centígrados. Esos medios rebosan vida.

A esa frofundidad no hay estaciones, ni turbulencias en el agua, y la temperatura es siempre la misma, aunque nunca es superior a 2 grados centígrados. Pero incluso ahí llega la energía solar en forma de "nieve del mar", que son los restos en descomposición de los organismos que habitan más arriba.

Son muchas, sin saber cuántas, las especies de predadores que allí nadan; su aspecto es a menudo monstruoso y, para atraer a sus presas, luminescente. También hay formas de vida que se basan en la existencia de aguas termales que se localizan a lo largo de las fracturas de la corteza terrestre, que son las dorsales oceánicas donde se produce de manera continua la materia que va a formar las placas continentales.
Las especies de las profundidades marinas, además, viven de una manera bastante diferente que sus hermanos de agua poco profunda. Por ejemplo, los peces abisales tienen un metabolismo mucho más pausado, y por ello tienden a vivir más tiempo y reproducirse más lentamente.

Peces bioluminiscentes

Generalmente, las especies que viven en las aguas abisales o en la capa de penumbra (capa superior de las aguas abisales) suelen ser bioluminiscentes, es decir, producen su propia luz, que pueden utilizar para atraer a sus presas (algunos peces tienen su órgano luminiscente dentro de la boca), para identificarse con otros ejemplares de su especie o para escapar de algún peligro. Tal luz está producida generalmente por una colonia de bacterias específicas que viven en el interior del pez.

Además, los peces que viven en la capa de penumbra tienen ojos muy desarrollados, no como los de la capa abisal, que suelen tener ojos pequeños y menos desarrollados.
La zona abisal es un área de profundidades mayores a 2.000 metros en la que reinan presiones de más de 200 atmósferas (> 200 kg/cm2), en oscuridad total y con un margen de temperaturas de -1 a 5 ºC. Puesto que no hay luz por debajo de aproximadamente los 600 metros, la fuente de energía primaria es una lluvia de materia orgánica de las aguas menos profundas, incluyendo cadáveres de peces u otros animales marinos muertos.

Asombrosamente, los animales que viven en la zona abisal son miembros de los mismos grupos que los que encontramos en las capas superiores. Así, hallamos pulpos, calamares, peces, moluscos, equinoides y gusanos. La diferencia es que estas formas abisales han desarrollado sistemas adaptados a su entorno y no les afectan las presiones tan enormes porque desde que nacieron sus órganos internos ya se hallaban sometidos a tales presiones, es decir, estaban en contacto con el medio y no han experimentado una diferencia de presión.

Características de los peces abisales

La mayoría de los peces abisales son pequeños y poseen cuerpos blandos y huesos pequeños, debido en parte a la ausencia de calcio, necesario para la formación de espinas, y de vitamina D, necesaria para unos huesos consistentes.

Las criaturas abisales tienden a tener bocas grandes, dientes largos y estómagos alargables. Estos peces deben ingerir la comida y tragarla, incluso si es más grande que ellos. Ya que la próxima comida puede tardar en llegar.